Pez cebra, modelo biológico ideal protagonista de tres investigaciones que buscan la regeneración de la retina y del nervio óptico

Imagen de un pez cebra en la que se aprecian sus características franjas azules longitudinales sobre el color plateado de base

Existe un diminuto pero sorprendente pez tropical llamado Danio Rerio, o Pez Cebra, que a mí, personalmente, me tiene fascinado. Diminuto en su tamaño, pero gigante en sus posibilidades como modelo biológico para muchas investigaciones, este pececito está protagonizando toda una revolución en el mundo de la biomedicina. Y no penséis que he usado las palabras “sorprendente” y “revolución” de forma gratuita, no, qué va. Muchos Científicos Opinan Lo Mismo, y vosotros, tras leer estas líneas, probablemente estaréis de acuerdo con ello. Es más, yo incluso le añadiría otro adjetivo al protagonista de este artículo: “milagro de la naturaleza”. Y no es para menos, pues este pececito es capaz de auto regenerar lesiones que para otros animales serían permanentes. Por Ejemplo, es capaz de regenerar por completo lesiones medulares graves en apenas ocho semanas, asimismo también puede regenerar el corazón y su funcionalidad tras habérselo amputado hasta un 20%, y lo que más nos incumbe a nosotros, si se le provoca la ceguera, lesionando tanto la retina como el nervio óptico, es capaz de regenerar esas células volviendo a ver con normalidad en menos de un mes.

Vamos, que tras leer lo anterior, imagino que no os extrañará el que este pececito se haya convertido en el modelo biológico ideal para muchos científicos, resultando clave para estudiar enfermedades como la distrofia muscular, la degeneración del músculo cardíaco, la fibrosis quística, el Parkinson, el Alzheimer, la diabetes, diferentes tipos de cáncer, las lesiones medulares, el envejecimiento, la anemia, el procesamiento de colesterol, enfermedades del sistema inmune, enfermedades degenerativas de la retina, etc.

¿Cómo es el pez cebra?

Bueno, antes de nada, por si no lo conocéis, creo que lo adecuado es que os presente a nuestro amiguito:

Su nombre es pez cebra o Danio Rerio, pertenece al orden de los Cypriniformes, a la familia Cyprinidae (está emparentado con las carpas y los barbos), y es originario de Ríos de aguas lentas y lagunas de la India y Bangladesh.

El cuerpo de estos peces es alargado, no excesivamente aplanado y con aleta dorsal. Alcanzan un tamaño máximo de 6 cm. El color de estos peces es plateado o dorado de base, presentando por encima de este color de base entre 5 a 9 franjas azules que atraviesan su cuerpo longitudinalmente. De ahí su nombre común de pez cebra.

Los machos alternan las bandas azules con el color de base dorado, mientras que las hembras alternan las franjas azules con el color de base plateado. El vientre es de color claro. Las hembras son más robustas, con el vientre más abultado, mientras que Los machos son más estilizados.

Son peces omnívoros, muy activos y veloces. La hembra pone hasta 200 huevos en un mismo desove (el macho los fertiliza una vez están en el agua). Los huevos son transparentes y eclosionan aproximadamente a los tres días. Su esperanza de vida es de unos tres o cuatro años.

Muy bien, y ahora que ya conocéis un poco a nuestro amiguito, pasemos a cosas más interesantes…

¿Por qué este pez se ha convertido en el modelo biológico ideal para muchas investigaciones?

El pez cebra empezó a usarse como modelo biológico en los años 70, cuando el investigador George Streisinger, de la Universidad de Oregón, usó este pez para realizar una serie de estudios pioneros relacionados con la biología del desarrollo y la genética. Al principio se utilizaba sobre todo como una herramienta para estudiar el desarrollo de los órganos en vertebrados, pero el alto grado de semejanza genética y fisiológica con el ser humano lo han ido convirtiendo con el paso de los años en una estupenda herramienta biomédica. Su popularidad entre los investigadores, se intensificó extraordinariamente cuando se descubrió, hace una década, que podía ser utilizado en gran escala para identificar nuevos genes por medio de cribados mutacionales.

Las cualidades que han convertido a este pez en uno de los modelos biológicos vertebrados por excelencia, tan sólo superado por el ratón, son:

  • Posee gran semejanza genética con el humano. Compartimos alrededor del 80% del genoma y en él se pueden reproducir ocho de cada diez de nuestras enfermedades. Todo eso permite que los resultados obtenidos con los fármacos probados en estos animales sean potencialmente extrapolables al humano.
  • Esa similitud genética permite usarlo como modelo animal para averiguar las funciones de algunos genes y reproducir en ellos modelos biomédicos de enfermedades hereditarias humanas.
  • Recientemente se ha secuenciado el genoma completo del pez cebra, observando que tiene el mayor número de genes codificantes de los vertebrados, 26479 genes, lo que supone una ventaja para su uso en laboratorio.
  • Posee la capacidad de regenerar los órganos que le son parcialmente amputados o dañados, convirtiéndose así, en el modelo biológico ideal para investigar procesos regenerativos.
  • Sus embriones son transparentes, lo cual permite observar tanto los efectos de los medicamentos en sus órganos internos, como las mutaciones provocadas en estos al realizar cribados mutacionales (algo muy usado son las proteínas fluorescentes, como la proteína fluorescente verde, que emite un haz de luz que permite percibir con gran detalle las células que la portan).
  • Tienen una gran capacidad reproductiva. La hembra pone hasta 200 huevos. Se reproducen durante todo el año y se desarrollan muy rápido (sus órganos se forman en solo 24 horas). Esto, aparte de garantizar un suministro constante de embriones a un costo relativamente bajo, comparado con otros vertebrados, permite realizar diferentes experimentos en una misma generación de animales, investigando la evolución de las patologías e identificando sus causas.
  • La fecundación de los huevos y la totalidad del desarrollo se llevan a cabo fuera de la hembra, lo cual facilita el estudio directo de las etapas tempranas de la ontogenia. Esto en los roedores es imposible, pues su desarrollo transcurre dentro del útero (aparte que aportan una cifra limitada de embriones).
  • El costo de mantener el pez cebra es entre 100 y 1000 veces menor que el de mantener ratones de laboratorio. Su pequeño tamaño facilita su almacenaje, ya que caben hasta un centenar de peces en contenedores de un litro de agua, con un sencillo mantenimiento. Además, permite un gran ahorro en compuestos químicos, pues como pueden vivir varias larvas en un volumen de líquido del tamaño de una gota de agua, sólo se necesitan cantidades mínimas de compuestos por ensayo.
  • Los genes del pez cebra son muy fáciles de manipular y estudiar. Se pueden realizar cribados mutacionales en los que se inducen errores en la información contenida en los genes, alterando de esta manera la función de las proteínas que generan. De esta forma se pueden identificar los genes dotados de una función específica observando las malformaciones en la estructura o alteraciones en los procesos que esos errores causan. Vamos, que es como tratar de identificar la función de las piezas de un automóvil retirando al azar una cada vez para observar cómo afecta a su funcionamiento (y como los embriones del pez cebra son transparentes, resulta fácil la identificación del órgano afectado por la mutación).
  • Hace tanto tiempo que este pez se usa como modelo biológico, que hay disponibles una gran cantidad de técnicas bien documentadas que facilitan el que los investigadores noveles puedan iniciar sus investigaciones con un modelo que permite realizar estudios experimentales económicos, fáciles y rápidos.

Investigaciones en curso que usan el pez cebra

Bueno, ya nos vamos acercando. Seguro que ya tenéis ganas de saber de qué forma está contribuyendo nuestro amiguito en la búsqueda de la ansiada regeneración del ojo … Pero antes, me gustaría mencionar varias investigaciones que se están llevando a cabo en las que el protagonista es este pez, ya que de esa forma os haréis una idea de su importancia en la investigación. A continuación he seleccionado algunas de las investigaciones más destacables:

Cáncer y envejecimiento

Un grupo de investigadores murcianos del IMIB (Instituto Murciano de Investigación Biosanitaria), dirigido por la doctora Cayuela, en combinación con la Universidad de Barcelona, usa al pez cebra como base principal de sus investigaciones sobre envejecimiento prematuro asociado entre otros síntomas a mutaciones en la enzima telomerasa. La investigación se centra en el estudio de la disqueratosis congénita, una enfermedad rara para la que actualmente no existe un tratamiento curativo y para la que intentan desarrollar un nuevo fármaco gracias a una molécula que han aislado, que es capaz de revertir los síntomas del envejecimiento prematuro provocado por la disminución en la producción de células sanguíneas presente en esa enfermedad. «Un fármaco que, según estos investigadores, también se podría usar para el cáncer».

Ze-Clinics, spin-off situada en el Parc de Recerca Biomèdica de Barcelona, también usa el pez cebra como base de sus investigaciones, replicando en este pez el cáncer de una persona a partir de una biopsia del paciente. Es decir, que convierten a este pececito en un auténtico “campo de pruebas” en el que se evalúa cómo se desarrolla el tumor y qué tratamientos son los más adecuados. Esto se conoce como ZeOncoTest, todo un avance que permitirá evaluar el efecto de los medicamentos oncológicos.

Lesiones medulares

Investigadores de la Universidad de Duke en Durham (EEUU) han estudiado la milagrosa capacidad de los peces cebra para regenerar sus lesiones medulares y han aislado una proteína que juega un papel fundamental en el proceso y que, quizás, pueda algún día ayudar a los seres humanos a recuperarse de esas lesiones. Se trata de la proteína CTGF (factor de crecimiento del tejido conjuntivo), muy similar a la de los humanos, y que posibilita que este pececito sea capaz de regenerar cualquier lesión medular en solo ocho semanas (cerca de un 90% de los aminoácidos que conforman esta proteína son similares en ambas especies). Esta Investigación tiene toda la pinta de ser un fascinante punto de partida para encontrar la solución a la regeneración de las lesiones medulares.

 

Corazón

Si al pez cebra se le amputa un trozo de corazón de hasta un 20%, nadará con dificultad durante unos días pero a lo largo de unas semanas regenerará toda su estructura y funcionalidad cardiaca. Inicialmente se pensaba que las células madre o células progenitoras eran las responsables de esta portentosa regeneración, pero hay varias investigaciones, entre ellas la protagonizada por Kenneth D. Poss, profesor de biología celular en la Universidad de Duke, en EEUU, que han descubierto que buena parte de la milagrosa reconstrucción del corazón que es capaz de realizar el pez cebra, es debida a un gen fundamental en la capacidad regenerativa del pez, denominado Mps1, y a un tipo particular de cardiomiocitos, unas células, que expresan el gen cardiogénesis gata4. Estos cardiomiocitos Entran en la zona dañada del corazón donde proliferan y ayudan a reconstruir el músculo cardíaco.

Otro investigador que también está trabajando sobre esta misma línea de investigación, es Juan Carlos Izpisúa Belmonte, investigador del Instituto Salk para Estudios Biológicos en California y del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona (CMRB).

Todas estas investigaciones podrían ayudar a entender la falta de regeneración del corazón en humanos, y eventualmente, a intentar replicar ese proceso innato del pez cebra en nosotros.

Biosensor para detectar distintas contaminaciones

Nuestro amiguito no es tan sólo una estupenda herramienta biomédica, sino también una útil herramienta biotecnológica. Y es que un curioso pero interesante uso que se le ha encontrado al pez cebra, es el de transformarlo en un biosensor que emita luz al encontrarse en un medio muy contaminado por metales pesados y otros desechos industriales. Para ello, se han creado genéticamente algunas versiones que son capaces de emitir luz al entrar en contacto con distintas sustancias. Algo muy útil, pues el medio ambiente cada vez se encuentra más contaminado, lo cual repercute negativamente en el ser humano, produciendo entre otras cosas, esterilidad y cáncer.

En fin, estos son tan sólo algunos ejemplos de las investigaciones que se están llevando a cabo gracias a nuestro amiguito. Pero hay muchas más que intentan buscar remedio a otras patologías, que mencionaré tan sólo por encima para no alargar demasiado este apartado: la distrofia muscular, la fibrosis quística, el Parkinson, el Alzheimer, la diabetes, la anemia, el procesamiento de colesterol, enfermedades del sistema inmune, la identificación de genes causantes de enfermedades hereditarias, y por supuesto, lo que voy a tratar en el siguiente punto: enfermedades degenerativas de la retina y del nervio óptico.

Investigaciones en la regeneración de la retina y del nervio óptico

Bueno, ya hemos llegado. A partir de ahora voy a tratar lo que a nosotros más nos incumbe en todo este tema: la regeneración del ojo. Para ello, os he seleccionado tres investigaciones realmente muy prometedoras que tratan de reproducir en el ser humano la regeneración que acontece en el ojo del pez cebra… Pero antes, me veo obligado a explicar unas nociones básicas que os ayudarán a entender lo que encontrareis a continuación. Eso sí, prometo ser muy breve.

Lo primero, comentar que la estructura de las retinas de peces y mamíferos es básicamente la misma. Segundo, decir que la retina Es muy delgada, tiene menos de 0,5 milímetros de espesor, y contiene tres capas de células nerviosas: fotorreceptores que detectan la luz (los famosos conos y bastones), células horizontales que integran las señales de los fotorreceptores y células ganglionares que reciben la información visual y la dirigen al cerebro. Aparte, y quedaos con lo siguiente, la retina también contiene un tipo especial de células madre adultas, llamadas glía de Müller, que abarcan las tres capas, proporcionando apoyo mecánico al conjunto, favoreciendo la recepción, procesamiento y transmisión de las señales de los fotorreceptores hacia las siguientes capas de la retina, y proporcionando también aislamiento eléctrico. Acordaos bien de ese nombre, Müller, pues es clave para lo que sigue… Y es que en la retina del pez cebra estas células de Müller juegan un papel clave en la regeneración, ya que cuando sufre alguna lesión en la retina y se activa la regeneración, la glía de Müller se desdiferencia, regresando de un estado especializado a un estado más simple. En ese instante comienza a proliferar y luego se diferencia en repuestos para las células nerviosas dañadas. Por supuesto, la glía de Müller también está presente en las retinas de los mamíferos, pero no se regenera tal y como ocurre en nuestro amiguito el pez cebra. Vamos, que teniendo en cuenta que compartimos casi el 80% del genoma con estos pececitos, ya os podéis imaginar hacia dónde van encaminadas las investigaciones.

Y bueno, tras esta breve introducción, ahora ya sí que paso a enumerar las investigaciones que se están realizando a cabo sobre este tema:

Estudio de la Universidad de Vanderbilt

En marzo de este año 2017 un equipo de biólogos de la Universidad de Vanderbilt, en Nashville, Tennessee, Estados Unidos, publicó en la edición digital de la revista “Stem Cell Reports” un documento muy interesante titulado “Regeneración Regulada por Neurotransmisores en la Retina del Pez Cebra”.

Os acordáis de lo que os he comentado antes sobre las células glía de Müller, pues bien, un estudiante de posgrado de esta universidad, llamado Mahesh Rao, inspirado por los resultados de un análisis del hipocampo de ratón que concluyó que un neurotransmisor llamado GABA controlaba la actividad de las células madre, tuvo la idea de que ese mismo neurotransmisor podría ser el desencadenante de la regeneración de la retina en el pez cebra. Y en efecto, así fue. Mahesh Rao, trabajando con el investigador James Patton, profesor de Ciencias Biológicas en Vanderbilt, y con el profesor asistente de investigación Dominic Didiano, diseñaron una serie de experimentos con el pez cebra que concluyeron que altas concentraciones de GABA en la retina mantienen la glía de Muller sin cambios y que por el contrario, cuando esas concentraciones disminuyen, empiezan a desdiferenciar y proliferar. Vamos, que al bajar los niveles de GABA, la retina empieza a regenerarse.

Nota: GABA es un neurotransmisor de acción rápida conocido por su función para calmar la actividad nerviosa al inhibir la transmisión nerviosa en el cerebro.

Estos investigadores han probado su hipótesis cegando al pobre pez cebra y luego inyectándole tanto fármacos que estimulan la producción de GABA, como una enzima que disminuye los niveles de GABA en sus ojos.

¿Qué cómo lo ciegan? Pues muy fácil. Cogen a Nuestro Amiguito, lo mantienen en la oscuridad total durante varios días y luego lo exponen a una luz muy brillante. Por supuesto, tras esa trastada, Todos los fotorreceptores en su retina se destruyen. En principio, al pez cebra, eso le trae sin cuidado, pues debido a su maravillosa capacidad regenerativa, sus ojos se pueden recuperar por completo en sólo 28 días. Y digo “en principio”, porque si en ese instante los biólogos inyectan fármacos que mantienen altos los niveles de concentraciones de GABA en las retinas de los peces recién cegados, se suprime el proceso de regeneración. Por el contrario, cuando inyectan la enzima que disminuye los niveles de GABA en los ojos, la glía de Müller comienza a desdiferenciarse y a proliferar, empezando a regenerarse la retina.

Los investigadores de este estudio se muestran muy optimistas ante la posibilidad, por medio de un inhibidor de GABA, de poder estimular las retinas humanas para inducir la reparación de los daños causados por enfermedades retinianas degenerativas y la degeneración macular relacionada con la edad. Eso sí, por el momento la investigación aún se encuentra en sus fases iniciales, prosiguiendo los estudios tanto en el pez cebra como en ratones con una subvención de la Iniciativa “Audacious Goals” del National Eye Institute de EEUU, por lo que aún es pronto para lanzar campanas al vuelo.

Hay que destacar, que este no es el único estudio que apoya esta teoría, pues también se ha comprobado que los niveles de GABA desempeñan un papel central en la regeneración de las células del páncreas y del hipocampo.

Estudio de la Universidad de Washington

En julio de este 2017 se publicó en la revista Nature un estudio realizado en la Universidad de Washington, en Seattle (Estados Unidos), en el que un grupo de investigadores, dirigidos por el profesor de Biología Estructural Tom Reh, lograron transferir a ratones adultos la capacidad de renovación de las células neurales del pez cebra.

Este grupo de investigación descubrió que las células gliales de Müller del pez cebra albergan un gen que propicia esa regeneración, denominado Ascl1. Ese gen codifica un factor de transcripción cuya activación reprograma la diferenciación de la glía de Müller en células madre que pueden transformarse en los tipos celulares requeridos para reparar la retina y restaurar la visión.

A continuación, estos científicos se propusieron averiguar si este gen podría emplearse para reprogramar las células de Müller en ratones y de este modo, propiciar una regeneración que no ocurre de forma natural en la retina de los mamíferos. Para ello, generaron un ratón transgénico portador de una versión del gen Ascl1 en sus células de Müller y activaron ese gen con una inyección de tamoxifeno.

En los primeros estudios realizados con esos ratones se demostró que cuando se activaba ese gen, las células gliales de Müller se diferenciaban en interneuronas cuando los ratones sufrían una lesión en la retina. Lamentablemente, luego se encontraron con que la activación del gen Ascl1 solo era posible durante las dos primeras semanas tras el nacimiento, después resultaba inviable la reparación retiniana.

Posteriormente, reflexionando sobre ese problema, descubrieron que esa falta de activación del gen tenía una causa epigenética, y recientemente, en un nuevo estudio han observado que la administración de un inhibidor de histona de acetilasa permite la activación de Ascl1, lo que da vía libre a la diferenciación de las células de Müller en interneuronas funcionales.

En los ratones empleados en este nuevo trabajo, ya parece haber ido todo bien: esas nuevas interneuronas se han integrado en la retina, estableciendo conexiones con otras células retinianas y reaccionando de forma normal a las señales procedentes de las células fotosensibles.

El siguiente paso de estos investigadores será averiguar si hay otros factores que puedan activarse para inducir la diferenciación de las células de Müller en los diferentes tipos celulares de la retina. Si es así, se abriría una nueva y fascinante senda hacia el desarrollo de tratamientos específicos para diversas enfermedades ocasionadas por lesiones en la retina.

Estudio de la Universidad de Salamanca

En el mes de marzo de este año 2017 se dio a conocer por el departamento de comunicación de la Universidad de Salamanca (USAL) una interesante investigación llevada a cabo por el científico de esta universidad, Juan Manuel Lara Pradas, catedrático en Biología Celular y Patología adscrito al Instituto de Neurociencias de Castilla y León (INCYL).

Se trata de una línea de investigación centrada en la plasticidad, degeneración y regeneración del sistema visual humano bajo el enfoque del estudio de los procesos de desarrollo de este sistema en el pez cebra.

Hay que destacar que aunque está investigación también se basa en la capacidad de regeneración visual del pez cebra, en esta ocasión no lo hace centrándose en la regeneración de la retina, sino en el nervio óptico. Si, habéis leído bien. Éste pez también es capaz de regenerar el nervio óptico cuando se deteriora, y en este caso, a diferencia de los dos estudios vistos anteriormente, que se centran en la retina, el equipo de la USAL se centra en el nervio óptico, intentando averiguar de qué forma nuestro amiguito consigue llevar a cabo ese proceso de regeneración, y de que manera podría ser aplicado esto al ser humano.

El reto a futuro de esta investigación, es el de desarrollar tratamientos terapéuticos que contribuyan a recuperar la visión perdida en patologías como el glaucoma o el cáncer de hipófisis (este cáncer comprime el nervio óptico provocando la ceguera). Vamos, que en esta investigación el protagonista es el nervio óptico, dañado en esas dos patologías. Sin duda, una muy buena noticia para los 60 millones de pacientes afectados por glaucoma, patología que es la causa número uno de ceguera en el mundo.

Por el momento, la investigación se está centrando en averiguar cómo las células gliales del nervio óptico del pez cebra interfieren en el proceso de regeneración de este nervio. En este pez, cuando se daña el nervio óptico, estas células gliales limpian y aíslan la zona dañada y la preparan para que haya una generación nueva de células. Los científicos de la USAL han observado que si se presiona el nervio óptico en un ratón, este pierde el 90% de las células neuronales de la retina durante la primera semana y a la tercera o cuarta semana termina perdiendo por completo la visión. Por el contrario, en el pez cebra, en la primera semana, tan sólo el 10% de esas neuronas se mueren y en la siguiente ocurre justo lo contrario, las que ha perdido se recuperan y el nervio envía prolongaciones, de forma que Al mes el animal está completamente curado.

En la investigación se extraen células gliales de este pez, se cultivan, se seleccionan, y tras analizar las nuevas células resultantes, se marcan y se observa si se integran, o no, en el sistema visual del pez, así como si la regeneración es más o menos rápida.

El objetivo final es comprobar si un sistema con capacidad de regeneración natural es capaz de integrar células gliales introducidas desde fuera para determinar si eso mismo pudiera ser trasladado a humanos por medio de procesos externos.

De momento, tal y como ya ha comentado el mismo Juan Manuel Lara Pradas, la investigación está en fases iniciales y, aunque hasta la fecha los resultados son realmente esperanzadores, el momento de trasladar esto al ser humano, aún se encuentra bastante lejano. Las palabras exactas que ha usado al referirse al hecho de alcanzar ese objetivo son las de “de momento, esa posibilidad se nos antoja un poco como de ciencia ficción”.

Conclusión

Bueno. Intentaré ser muy breve en este último punto, pues soy consciente de que este artículo se ha alargado bastante y seguro que estaréis deseando finalizar su lectura. Tan sólo comentar que hay un par de cosas que me encantan de estas posibles futuras terapias: en primer lugar que estamos hablando de regeneración de células, no de un “sucedáneo” de la visión, como ocurre en los implantes de visión artificial como Argus e IRIS, o incluso en la optogenética, vamos, que sería una visión totalmente “natural”. Nada que ver con patrones lumínicos, que por mucha resolución que puedan alcanzar, nunca será lo mismo que la visión de toda la vida, con sus colores naturales, con su campo visual completo, con su percepción de la profundidad gracias a la “visión estereoscópica”, etc. En segundo lugar, la otra cosa que me encanta es el hecho de que en estas investigaciones, al contrario que en otras, existe la posibilidad de regenerar tanto la retina como el nervio óptico. Es estupendo, pues de esta forma se podrán beneficiar muchas más personas.

Y ahora ya sí que finalizo, reiterando una vez más, mi admiración ante este fascinante pececito. Sin duda, Todo un regalo de la naturaleza. Me alegro de que los científicos estén estudiando la manera de aprovechar dicho regalo en beneficio de la humanidad. Por supuesto, de Momento las investigaciones que se están llevando a cabo en el ámbito de la oftalmología están en fases muy iniciales, pero creo que tienen un enorme potencial. Lo que he ido descubriendo a medida que elaboraba este artículo, me ha ido dando una muy buena impresión. Por ejemplo, el hecho de que el ser humano y éste pez compartamos gran parte de la información genética, augura muy buenos resultados, y el que sea tan sencillo y económico investigar con él, es un muy buen aliciente para que los investigadores se animen a emprender nuevas investigaciones. Creo que tan sólo es cuestión de tiempo que se consiga transferir la capacidad regenerativa del ojo de este pez a nosotros. ¿Cuánto tiempo? No se sabe. Pero en InfoTecnoVisión estaremos muy pendientes de los resultados de todas estas investigaciones. Eso sí, una vez más, me veo obligado a hacer un llamamiento a la precaución y a la paciencia. Son investigaciones en fases muy, pero que muy iniciales, por lo que por el momento, no os creéis muchas expectativas.

Enlaces y fuentes

En la elaboración de este artículo he consultado muchísima información, entre ella destaco la siguiente:

Noticia del estudio de la Universidad de Vanderbilt sobre la regeneración de la retina (La Razón.es)

Publicación en la revista Stem Cell Reports sobre el estudio de la Universidad de Vanderbilt (en inglés)

La noticia del estudio de la universidad de Washington sobre la regeneración de la retina (diario médico.com. Para consultar esta noticia hay que estar registrado en esta página como profesional de la medicina)

Nota de prensa sobre la investigación de la USAL sobre la regeneración del nervio óptico

El pez cebra, versatilidad al servicio de la biomedicina (cmrb.eu)

¿Por qué es importante el pez cebra en medicina? (te interesa.es)

El pez cebra, aliado contra el cáncer y el envejecimiento (La opinión de Murcia.es)

La clave está en el corazón del pez cebra (El país.com)

Los peces cebra podrían tener la clave para la cura de las lesiones medulares (ABC.es)

ZeClinics usa el pez cebra para luchar contra el cáncer (blogthinkbig.com)

Autor: Jaime Franco

 

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