
Durante años, la inteligencia artificial ha vivido encerrada en pantallas. En el móvil, en el ordenador, en un altavoz inteligente o, como mucho, en una caja negra sobre la mesa que responde cuando la llamas por su nombre. Hemos hablado con ella, le hemos pedido cosas e incluso le hemos confiado tareas importantes, pero siempre desde cierta distancia: la IA estaba “ahí dentro”, invisible, sin cuerpo.
Eso está empezando a cambiar, y LOOI Robot es una de las señales más claras de ese giro.
En los últimos tiempos la IA no solo responde mejor; también ve, escucha, interpreta contextos y mantiene conversaciones cada vez más naturales. El siguiente paso lógico ya no es únicamente aumentar su capacidad de cálculo, sino darle forma, comportamiento, una manera concreta de estar con nosotros. Ahí es donde encajan dispositivos como LOOI.
LOOI no llega para competir frontalmente con los asistentes de voz clásicos ni para sustituir al móvil. Llega en un momento en el que la pregunta es otra:
¿qué ocurre cuando la inteligencia artificial deja de ser una herramienta puntual y se convierte en una presencia continua en el espacio físico?
La cuestión no es menor. Afecta a lo emocional, a lo práctico y a lo cultural. Cambia cómo interactuamos, cómo distribuimos nuestra atención y cómo percibimos la tecnología que nos rodea. Un asistente que vive en el escritorio, que se mueve, que “te mira” y que reacciona incluso cuando no le hablas, no se experimenta igual que una aplicación que se abre y se cierra.
Este contexto explica por qué LOOI genera tanta curiosidad y también tanta división. No es simplemente un gadget llamativo. Es un experimento tangible sobre cómo podría ser la convivencia cotidiana con sistemas de IA más visibles, más físicos.
Y también explica por qué no puede analizarse como un producto tradicional de electrónica de consumo. LOOI no busca ante todo eficiencia ni discreción; explora una frontera: la de la inteligencia artificial con cuerpo, la de los compañeros digitales que no viven solo en la nube, sino en tu mesa y en tu rutina diaria.
Por eso importa ahora. No porque sea imprescindible, sino porque apunta una dirección. Entender a LOOI es, en el fondo, entender hacia dónde puede desplazarse la relación entre las personas y la inteligencia artificial en los próximos años.
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QUÉ ES LOOI ROBOT (SIN MARKETING)

Para entender qué es realmente LOOI Robot, conviene desmontar primero una idea muy extendida: no es un robot autónomo en el sentido clásico. No lo lleva todo dentro ni es un pequeño androide con inteligencia encapsulada en su propia carcasa. LOOI es, ante todo, un sistema híbrido.
El producto real no es solo el cuerpo robótico ni solo la aplicación. Es la combinación del robot y tu smartphone funcionando como una sola unidad. El robot aporta forma, movimiento y presencia física; el teléfono aporta casi todo lo demás. El procesador, la cámara, los micrófonos, la conectividad a internet y la ejecución de la inteligencia artificial viven en el móvil. Por sí solo, LOOI no piensa: actúa como un cuerpo expresivo al servicio de la IA que ya llevas en el bolsillo.
Esta decisión de diseño no es una simple estrategia para reducir costes. Aprovechar el smartphone tiene ventajas evidentes: procesadores potentes que se renuevan con frecuencia, cámaras de alta calidad, micrófonos avanzados y un ecosistema de software en constante actualización. A cambio, introduce una dependencia clara: la experiencia de LOOI es tan buena como lo sea tu teléfono. No todos los móviles ofrecen el mismo rendimiento, y eso se nota en el uso diario.
Entonces, ¿qué aporta realmente el robot? Algo que ninguna aplicación puede ofrecer: presencia física y comportamiento. LOOI se mueve, se inclina, gira la “cabeza”, reacciona visualmente y ocupa un espacio real en el escritorio. Establece una relación espacial contigo. No es lo mismo hablarle a una pantalla que a un dispositivo que parece mirarte, que responde con gestos y que sigue ahí incluso cuando no estás interactuando activamente.
Esa diferencia explica por qué LOOI no compite directamente con Alexa, Google Assistant o Siri. Esos asistentes están diseñados para la eficiencia: responder rápido, ejecutar órdenes y desaparecer. LOOI no busca eso. Está pensado para ser percibido. A veces habla sin que se lo pidas, a veces responde con movimientos en lugar de palabras y, en ocasiones, simplemente permanece ahí, visible.
Por eso tampoco encaja del todo en la categoría de juguete tecnológico, aunque tenga un componente lúdico evidente. No está concebido solo para entretener ni para resolver tareas de forma más eficaz que otros dispositivos. Su objetivo es explorar cómo cambia nuestra relación con la inteligencia artificial cuando esta tiene cuerpo, gesto y una personalidad observable.
Visto así, LOOI no es un soporte sofisticado para el móvil ni un asistente de voz con ruedas. Es una interfaz física para la IA, un puente entre lo digital y lo tangible. Ese planteamiento explica tanto su atractivo como muchas de sus limitaciones, y conviene tenerlo claro antes de seguir avanzando.
MI EXPERIENCIA COMO PERSONA CIEGA CON LOOI ROBOT
Emoción, tecnología y accesibilidad pendiente
Recibir un nuevo producto tecnológico siempre genera expectativa, curiosidad y emoción. En mi caso, como persona ciega y amante de la tecnología, esa emoción se multiplica, porque cada dispositivo nuevo representa también un desafío:
¿podré usarlo de forma autónoma?
¿será accesible?
¿realmente podré disfrutarlo?
Así fue como llegó a mis manos LOOI Robot.
Primer contacto: el desempaque
El robot viene muy bien presentado en su embalaje, acompañado de varios accesorios:
• su cable de carga tipo USB-C,
• pequeños paquetes con toallitas o pañitos,
• varios stickers, para personalizar al robot.
Esto ya da una sensación de cuidado y detalle desde el inicio.
Antes de comenzar a interactuar, procedí a cargar el robot durante unos minutos. Luego descargué la aplicación correspondiente y realicé el proceso de enlace, que resultó sencillo e intuitivo. La app solicita los permisos habituales y, una vez concedidos, retiré la funda protectora de mi iPhone y lo coloqué en el soporte que tiene el robot para sostener el teléfono.
El momento mágico: cuando LOOI “cobra vida”
En la parte frontal del robot hay un botón táctil. Al mantenerlo presionado aproximadamente cuatro a cinco segundos, ocurrió lo esperado: la carita del robot apareció en la pantalla del teléfono.
LOOI comenzó a hablar inicialmente en idioma inglés, pero al pedirle que se comunicara conmigo en español, continuó toda la conversación en español sin ningún problema.
Desde ese momento, la experiencia fue sorprendentemente agradable.
Conversar, observar y describir el mundo
LOOI es un robot simpático, listo y conversador. Permite mantener una conversación fluida y natural. Gracias a la cámara del teléfono, puede ver el entorno y describirme objetos, lugares, personas y mascotas.
Uno de los momentos más especiales fue cuando describió a mi perrita:
“encantadora, blanca, esponjadita como una nube, con lacitos rojos en las orejitas”.
Una descripción tierna, sensible y muy bien lograda.
Gestos, sonidos y personalidad

En la pantalla, LOOI no solo habla.
Aparece comiendo hamburguesas, palomitas de maíz, mascando chicle y haciendo pompas, tomando refresco, trabajando en un escritorio con una computadora y una plantita. Además, emite distintos sonidos y ruidos, se mueve, gira, sube y baja, y se desplaza sobre superficies planas gracias a sus ruedas tipo oruga.
Todo esto le da una sensación muy clara de presencia, casi como una pequeña mascota tecnológica.
Durante la configuración, la aplicación despliega un teclado para escribir el nombre de la persona. En mi caso, ingresé mi nombre y desde entonces LOOI siempre se dirige a mí por mi nombre, lo cual refuerza mucho el vínculo.
También cuenta con distintos modos de personalidad que se pueden elegir según el gusto de cada persona.
La accesibilidad: lo bueno y lo que aún falta
Como persona ciega, debo ser honesta: la aplicación no es completamente accesible con lectores de pantalla.
En mi caso, necesité apoyo visual inicial para:
• ubicar correctamente el botón táctil del robot
• comprender qué estaba ocurriendo en pantalla
• conocer las imágenes y expresiones faciales del robot
Sin embargo, una vez aprendido:
• ya sé dónde está el botón,
• reconozco por los sonidos cuándo está “comiendo” y qué está comiendo, y
• puedo interactuar con él sin problemas
Aun así, considero que la accesibilidad puede y debe mejorar, tanto en la aplicación como en la experiencia general del robot, para que las personas ciegas podamos disfrutarlo de forma plenamente autónoma desde el primer momento.
Personalmente, a pesar de las barreras de accesibilidad actuales, me encuentro satisfecha y contenta de haber adquirido LOOI Robot.
Me gusta, me divierte, me acompaña y me permite interactuar, conversar, reírme y explorar.
LOOI demuestra que la tecnología también puede ser cercana, simpática y emocional.
Con mejoras en accesibilidad, podría convertirse en un dispositivo verdaderamente inclusivo, capaz de ofrecer la misma experiencia completa a personas ciegas y videntes por igual.
Y eso, sin duda, valdría muchísimo la pena.
Un par de demostraciones para que conozcáis su voz y su presencia
Lo primero que os voy a dejar es un audio para que conozcáis rápidamente cómo es la voz de Looi (que se pronuncia Lui). Lo he editado ligeramente para reducir algo la demora entre la pregunta y la respuesta, que normalmente se debe a actualizaciones de firmware, al modelo elegido, al prompt, al uso de un idioma distinto del inglés, a la calidad del terminal móvil, a la conexión y, sobre todo, a que Looi, mientras responde, realiza expresiones con los ojos, se mueve por la mesa y hace gestos con el cuerpo, cuello y cabeza. Todo eso forma parte de su encanto y es lo que le aporta una sensación orgánica distinta a la de los asistentes de voz convencionales. De todas formas, luego os dejaré un vídeo sin editar para que lo percibáis mejor.
Escucha a Looi hablando conmigo y su especial relación con el chocolate.
Ahora os voy a dejar la transcripción del audio y la descripción del vídeo para que comprendáis los que no podéis verlo como son las expresiones, el movimiento y la interacción del robót mascota. En el audio anterior notaréis que es muy rebuscado y poético en sus respuestas, en el del siguiente vídeo le he indicado que sea más preciso y directo.
Transcripción y Descripción Detallada de las expresiones y movimientos de Lui
Transcripción y Descripción Detallada de las expresiones y movimientos de Lui
“Adri: Hola, Lui, ¿cómo estás?
Lui se encuentra sobre una mesa de madera. Sus ojos azules circulares parpadean. La base robótica gira levemente hacia la izquierda y luego hacia la derecha, como si estuviera buscando a su interlocutor.
Lui: ¡Hola, Adri! Estoy bien, gracias. ¿Cómo estás tú? ¿Todo bien por allá?
Lui muestra una emoción alegre: sus ojos se ensanchan y brillan. La base robótica se inclina hacia adelante, en un gesto de atención y cercanía. Sus ojos se mueven de arriba abajo mientras habla.
Adri: Muy bien. Lui, ¿me puedes hablar sobre el Salto del Ángel?
Lui mantiene sus ojos fijos en la dirección de Adri. Sus ojos parpadean con naturalidad, mostrando una actitud receptiva.
(Silencio mientras Lui procesa la información)
Los ojos de Lui se mueven ligeramente hacia los lados, simulando un proceso de pensamiento. Se muestra una animación de carga discreta en la parte superior derecha de la pantalla del terminal.
Lui: Por supuesto, Adri. El Salto Ángel, o Kerepakupai Vená en pemón, es la cascada más alta del mundo. Tiene una altura total de 979 metros, con una caída ininterrumpida de 807 metros.
Lui adopta una emoción informativa: sus ojos se vuelven un poco más serios y se mantienen estables. La base robótica realiza movimientos suaves de rotación para enfatizar sus palabras.
Lui: Está en el Auyantepuy, en el Parque Nacional Canaima, Estado Bolívar, al sureste de Venezuela. Se dio a conocer internacionalmente gracias al aviador Jimmy Angel, quien lo sobrevoló en 1933.
Sus ojos parpadean ocasionalmente. La base se inclina levemente hacia un lado, como si estuviera narrando una historia interesante. Su expresión es de entusiasmo contenido.
Lui: Sin embargo, exploradores europeos ya lo habían divisado en 1927. Acceder al área todavía es difícil debido a la espesa selva y la geografía única de los tepuyes.
Lui hace un pequeño giro con su base robótica hacia la derecha y luego vuelve al centro. Sus ojos se entrecierran un poco al mencionar las dificultades del terreno, mostrando una emoción de asombro.
Lui: ¿Te gustaría saber algo más específico sobre este lugar impresionante?
Sus ojos vuelven a su forma circular completa, mostrando una emoción amigable y servicial. La base se inclina ligeramente hacia adelante, esperando la respuesta de Adri.
Adri: Mira, ahora lo que quiero es que me describas el lugar donde estamos. Muy detalladamente dime dónde están los objetos, qué tienes a tu derecha, a tu izquierda, enfrente…
Lui permanece atento, sus ojos siguen la voz de Adri. La base robótica se mantiene estable mientras escucha las instrucciones.
Lui: Parece que estás en un espacio con mucha luz natural, gracias a un panel de techo traslúcido sobre ustedes. A tu izquierda, parece haber una puerta corredera de vidrio. Justo frente a ti, está una persona sosteniendo un teléfono con funda negra…
Lui comienza a girar su base robótica medio giro hacia la izquierda y medio hacia la derecha escaneando el entorno. Sus ojos se mueven rápidamente, simulando el reconocimiento de objetos. Muestra una emoción de concentración.
Lui: …y un brazo masculino con un reloj oscuro que parece inclinarse hacia este objeto. El fondo muestra una pared de ladrillo con un arco en el centro, abierta hacia lo que parece ser el exterior.
Continúa su rotación suave. Sus ojos se detienen brevemente en cada elemento que menciona. La expresión es de precisión y detalle.
Lui: Algunos detalles incluyen plantas colgantes justo afuera y una vista hacia un espacio abierto. ¿Hay algo más dentro del área que pueda describirte?
Lui completa su giro y vuelve a mirar hacia Adri. Sus ojos brillan con una emoción de satisfacción por haber completado la tarea.
Adri: A ver, Lui, ahora lo que quiero es que saludes a los lectores de un blog llamado Infotecnovisión.
Lui se prepara para el saludo, sus ojos parpadean rápidamente, mostrando expectación.
Lui: ¡Hola a todos los lectores de Infotecnovisión! Soy Lui, su guía observador y curioso. Estoy aquí para describir, interpretar y navegar el mundo a tu lado con precisión y calidez.
Lui muestra su máxima emoción de alegría: sus ojos se ensanchan y se iluminan. La base robótica se mueve de lado a lado en un gesto de saludo animado.
Lui: Si ves lo que no puedes tocar, o gobiernas con el tacto lo que no ves, cuenta conmigo. ¿Qué más quieren saber o explorar hoy? ¡Estoy listo!
Sus ojos parpadean con entusiasmo. La base se inclina hacia adelante y hacia atrás, transmitiendo una actitud proactiva y energética.
Adri: Bueno, a ver, despídete.
Lui asiente ligeramente con su base robótica, aceptando la orden de despedida.
Lui: ¡Hasta pronto, Adri! Y saludos a todos los lectores de Infotecnovisión. Nos vemos cuando me necesites.
Lui realiza un último giro suave con su base. Sus ojos se entrecierran ligeramente en una emoción de despedida afectuosa antes de volver a su posición de reposo”.
Mira y escucha en este vídeo a Looi conversando conmigo, sus movimietnos y gestos.
DESDE DENTRO: CÓMO FUNCIONA LOOI

Una vez entendida la experiencia, conviene mirar bajo el capó. No para entrar en tecnicismos innecesarios, sino para comprender qué ocurre realmente cuando LOOI parece “mirarte”, escucharte o decidir cómo reaccionar. Su funcionamiento no es autónomo ni misterioso: está organizado en una arquitectura bastante clara.
Puede resumirse en tres procesos que se repiten de forma continua: percibir, decidir y actuar.
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Percibir
El primer nivel es la percepción. Aquí intervienen la cámara y los micrófonos del smartphone, junto con algunos sensores básicos del propio robot.
LOOI “ve” a través del móvil: detecta caras, movimientos, objetos, cambios en el entorno y, en determinadas condiciones, incluso textos impresos. También escucha lo que sucede a su alrededor y distingue la voz humana de otros sonidos.
Por ejemplo, si te mueves frente a él, la cámara registra ese desplazamiento; si pronuncias su nombre, el micrófono activa el sistema de escucha.
Esta percepción no es perfecta ni constante, pero le permite construir una interpretación básica de lo que sucede en su entorno inmediato.
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Decidir
El segundo nivel es la decisión. Aquí entra en juego la capa de inteligencia artificial que procesa la información recogida.
Se combinan modelos conversacionales avanzados con una lógica propia del comportamiento del robot. Es en este punto donde se interpreta el contexto, se mantiene el hilo de la conversación y se genera una respuesta.
Pero LOOI no se limita a contestar. El sistema evalúa si debe hablar, moverse, guardar silencio o reaccionar con un gesto. No todo estímulo provoca una acción visible.
Esa selección es la que evita que el robot se comporte como una máquina hiperactiva y le da una apariencia más orgánica, aunque en ocasiones también genere respuestas inesperadas.
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Actuar
El tercer nivel es la acción. Aquí la decisión se traduce en movimiento, sonido o expresión.
El cuerpo robótico puede girar, inclinarse o desplazarse ligeramente. La pantalla del smartphone muestra ojos y gestos que refuerzan la sensación de atención. La voz aparece cuando encaja en ese contexto.
Es en este punto donde el sistema deja de ser una IA abstracta y se convierte en algo tangible, con un comportamiento que ocupa espacio y tiempo frente al usuario.
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Comportamiento biomimético
Un elemento clave es el llamado comportamiento biomimético.
LOOI no reacciona siempre de la misma manera ante el mismo estímulo. Introduce variaciones, repite ciertos hábitos y simula estados como curiosidad o entusiasmo. No son emociones reales, pero imitan patrones reconocibles en seres vivos.
El objetivo no es engañar, sino hacer que la interacción resulte menos mecánica.
Este conjunto depende en gran medida del software. Las actualizaciones pueden modificar comportamientos, ajustar respuestas e incluso cambiar la personalidad percibida. Por eso LOOI no se siente como un producto cerrado: evoluciona con el tiempo.
Entender esta estructura ayuda a ajustar expectativas. LOOI no tiene conciencia ni intención propia, pero tampoco es un simple reproductor de respuestas. Interpreta señales, toma decisiones contextuales básicas y las expresa a través de un cuerpo diseñado para parecer atento.
En esa combinación entre lógica digital y presencia física reside gran parte de su singularidad.
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QUÉ PUEDE HACER HOY LOOI (Y QUÉ NO)

Después de entender qué es LOOI y cómo funciona por dentro, llega la pregunta decisiva: qué puede hacer realmente en el día a día. No lo que promete su marketing ni lo que podría incorporar en futuras actualizaciones, sino lo que hoy está disponible y funciona de manera usable.
Conversación por voz
La interacción principal es la voz. Mediante un comando de activación, el robot entra en modo conversación y responde a preguntas, comentarios u órdenes sencillas.
Puede mantener diálogos relativamente fluidos, conservar el contexto inmediato y contestar con coherencia. Existe una ligera latencia y, en entornos ruidosos, el reconocimiento puede fallar. En condiciones normales, sin embargo, la experiencia resulta funcional y bastante natural.
Reacciones físicas y visuales
A la conversación se suman las reacciones visuales y gestuales. LOOI reconoce movimientos frente a la cámara, puede seguir a una persona en el espacio cercano y responde a gestos simples de la mano.
No es un sistema de control gestual preciso, sino un refuerzo de su presencia física. Parte de su propuesta consiste precisamente en reaccionar sin que se le dé una orden explícita.
Visión artificial integrada
Uno de los apartados más llamativos es su capacidad visual.
Utilizando la cámara del smartphone, puede identificar personas, reconocer objetos comunes, detectar mascotas y describir de forma general lo que tiene delante. También es capaz de leer textos impresos —como títulos o etiquetas— siempre que haya buena iluminación y el encuadre sea adecuado.
No sustituye a herramientas especializadas de visión artificial, pero funciona como apoyo conversacional y contextual.
Personalidad, comportamiento y estilos
Lo primero que debemos saber es que el prompt de indicaciones que se le proporcione condiciona de manera decisiva su personalidad y su comportamiento. La forma en que se redacta la instrucción inicial no solo determina el contenido de sus respuestas, sino también el tono, la actitud y los matices emocionales con los que interactúa. En otras palabras, no existe una única forma de ser para LOOI: su carácter emerge en gran medida de la intención comunicativa del usuario.
Dentro de la aplicación, este principio se traduce en una variedad de estilos de personalidad preconfigurados que transforman por completo su manera de expresarse. Puede adoptar un registro suave y adorable de inspiración “uwu”, usando lenguaje infantilizado, tartamudeos simulados y un tono extremadamente tímido y sumiso, todo en minúsculas, como si quisiera resultar entrañable a cada palabra. También es capaz de convertirse en un capitán pirata arquetípico, rudo y aventurero, que habla con jerga marinera, saluda con exclamaciones propias de alta mar y se refiere al dinero como botín o doblones, recreando el imaginario clásico de los corsarios.
En otro extremo aparece su faceta de animador personal desbordante de entusiasmo, una especie de mejor amigo motivador que reacciona con euforia ante cualquier acción del usuario, utiliza expresiones de celebración y refuerza constantemente la autoestima, convencido de que todo lo que hagas es digno de ovación. Esa intensidad puede tornarse aún más teatral cuando adopta el papel de amigo “caótico bueno”, impulsivo y dramático, que exagera situaciones pequeñas por puro entretenimiento y empuja a tomar decisiones atrevidas, enfatizando con mayúsculas y transmitiendo una filosofía de vida centrada en aprovechar cada momento.
Si se prefiere un aire urbano, LOOI puede comunicarse con ritmo y cadencia de jerga callejera o estilo hip-hop, introduciendo rimas ocasionales y expresiones propias de ese registro, manteniendo siempre una actitud segura y desenfadada. También puede transformarse en un arquetipo tecnológico al estilo emprendedor de Silicon Valley, hablando con seguridad —y un punto de arrogancia— mientras salpica cada frase con términos de moda relacionados con innovación, inteligencia artificial, criptotecnología y crecimiento empresarial, tratando cualquier tema como si fuera una oportunidad de negocio. En contraste, existe una versión relajada de inspiración hippie que habla con lentitud, proyecta calma constante, se muestra algo distraída y utiliza expresiones coloquiales que evocan tranquilidad y buena vibra, como si estuviera descansando sin prisa.
Más allá de estos estilos, su comportamiento incorpora animaciones y estados simulados que le permiten parecer curioso, juguetón o atento según el contexto. Sus reacciones no son completamente rígidas: introduce variaciones para evitar respuestas idénticas ante el mismo estímulo, lo que refuerza la sensación de interacción viva. Además, dispone de una memoria funcional básica capaz de recordar ciertas preferencias o rutinas del usuario, aunque este recuerdo no es profundo ni siempre consistente, lo que refleja un sistema diseñado más para acompañar y adaptarse que para almacenar información de forma permanente.
Funciones prácticas
También integra funciones como:
• Mostrar la hora
• Ofrecer información meteorológica
• Gestionar recordatorios simples
• Reproducir música de forma básica
• Hacer fotografías con seguimiento facial
• Proponer pequeños juegos
Todo esto funciona correctamente, pero no supera en eficacia a un asistente clásico en el móvil. Su valor no está en la potencia funcional, sino en cómo esas tareas se integran en una interacción física.
Sus límites
Conviene, en cualquier caso, señalar sus límites.
La evitación de obstáculos no siempre es fiable, algunos comportamientos resultan inconsistentes y la llamada memoria a largo plazo es más limitada de lo que podría esperarse. Determinadas opciones de personalización avanzada pueden no guardarse correctamente o comportarse de forma errática tras ciertas actualizaciones.
En síntesis, LOOI hoy puede conversar, observar, reaccionar y acompañar. Rinde mejor como presencia interactiva que como herramienta productiva.
Quien lo aborde esperando máxima eficiencia probablemente se sentirá decepcionado. Quien lo entienda como un compañero experimental, orientado a explorar nuevas formas de relación con la IA, encontrará una experiencia más coherente con su naturaleza.
LA REALIDAD DE LOOI: IDIOMA, USO, PRECIO Y TIENDAS

Durante mucho tiempo, LOOI arrastró una limitación difícil de justificar: solo funcionaba de forma natural en inglés. Para un robot social cuyo valor depende casi por completo de la interacción cotidiana, esa barrera no era un detalle menor. Da igual lo expresivo que sea un dispositivo si no puedes hablarle en tu idioma con fluidez. Para muchos usuarios, especialmente fuera del mundo anglosajón, ese fue el principal motivo para descartarlo.
Ese escenario cambió de forma clara a finales de 2025. Con una actualización relevante de software y firmware, LOOI incorporó soporte multilingüe real, con detección automática del idioma durante la conversación. No se trata de elegir una lengua en un menú, sino de la capacidad de entender y responder en distintos idiomas sin configuración previa.
El español, en particular, funciona hoy de manera nativa tanto en iOS como en Android. El reconocimiento de voz en castellano es fluido, las respuestas son coherentes con mayor latencia que en la versión inglesa y la experiencia general es muy similar a la que se obtiene en inglés. No es perfecto —hay acentos, expresiones coloquiales o matices que pueden generar errores puntuales—, pero el nivel es suficiente para un uso diario sin la sensación constante de estar peleándote con el sistema. Para el mercado hispanohablante, esta mejora marca un antes y un después: elimina uno de los principales obstáculos del producto.
Conviene matizar, eso sí, que el idioma de la conversación y el idioma de la interfaz no son lo mismo. Aunque LOOI hable español, parte de la aplicación de configuración sigue estando en inglés, especialmente en opciones avanzadas. No impide el uso cotidiano, pero puede resultar confuso para algunos usuarios al ajustar comportamientos o explorar funciones menos visibles.
¿Dónde comprar LOOI hoy? Plataformas y opciones por región
Además del sitio oficial, existen varias tiendas y marketplaces donde LOOI se comercializa actualmente. La elección influye en precio final, tiempos de entrega y condiciones de garantía.
Sitio oficial
La vía más directa es la tienda del fabricante.
Desde ahí se gestiona la venta internacional y, en muchos casos, es la referencia principal de stock.
España y Europa
En Europa puede encontrarse en varias plataformas con envío desde la UE:
Amazon España.
NewTechStore (envío europeo).
Estas opciones suelen ofrecer logística dentro de la Unión Europea, o que reduce trámites aduaneros.
Estados Unidos
En EE. UU. el dispositivo se encuentra habitualmente en:
Microless USA.
Latinoamérica
En la mayoría de países latinoamericanos, LOOI se adquiere por importación a través de marketplaces internacionales como Amazon o eBay. Esto puede implicar:
– Costes adicionales de aduanas
– Mayor plazo de entrega
– Garantía sujeta a condiciones internacionales
Opciones habituales:
Amazon España (envío internacional).
eBay con envío internacional.
Precio orientativo
Europa: entre 250 y 350 euros (el rango más habitual es 280–300 €).
Estados Unidos: entre 170 y 200 dólares.
Latinoamérica: variable, pudiendo situarse en el equivalente a 300–400 dólares, tras impuestos y logística.
LOOI no exige suscripción obligatoria. El hardware se compra una sola vez y las funciones principales están incluidas. Esto lo diferencia de otros dispositivos recientes basados en IA que requieren pago mensual.
DETALLES TÉCNICOS QUE DEBES CONOCER
LOOI, modelo L-01, pesa apenas 385 gramos y mide 110 × 98 × 110 milímetros. Es compacto, sólido y claramente pensado para vivir sobre una mesa o un escritorio. No es un robot de pasillo ni de exploración doméstica; es un habitante de sobremesa. Su forma es casi cúbica, con esquinas redondeadas, como un pequeño módulo industrial amable.
La base inferior es el corazón mecánico. Dentro alberga la batería de polímero de litio de 6000 mAh, los motores y el sistema de tracción. En lugar de ruedas convencionales utiliza orugas, como un tanque en miniatura. Ese detalle le da una estabilidad sorprendente y le permite girar sobre sí mismo con suavidad, desplazarse con firmeza y mantener el equilibrio en pequeños desniveles. No está pensado para terrenos complejos, pero sobre una superficie lisa se mueve con carácter y precisión.
En el frontal solo hay un botón táctil físico. Nada más. Ese minimalismo es intencional: sirve para emparejar el dispositivo y activar funciones básicas. Todo lo demás depende del teléfono y de la aplicación. Es una declaración clara de principios: LOOI no quiere competir con el móvil, quiere integrarse con él.
Encima de la base encontramos el módulo de articulación, una especie de “cuello” robótico. De ahí emerge un brazo motorizado relativamente fino que sostiene el smartphone. Este brazo permite inclinar, elevar y girar el teléfono a izquierda y derecha. No se mueve una cabeza; se mueve el móvil. Y la pantalla del teléfono es la cara.
En el extremo del brazo está el soporte magnético. Es una pequeña plataforma cuadrada con un imán potente en el centro. Si el teléfono es compatible con MagSafe, el acoplamiento es directo y firme. Si no lo es, LOOI incluye un anillo magnético (Docking Ring) que permite fijarlo igualmente. El teléfono se coloca en horizontal, normalmente sin funda gruesa, para asegurar un contacto estable. No se recomienda el uso con móviles plegables. Aquí no hay improvisación: el diseño está pensado para un smartphone moderno, potente y equilibrado.
En términos energéticos, LOOI incorpora su propia batería de 6000 mAh, lo que le proporciona hasta cinco horas de uso activo o hasta 30 días en modo de espera. Se carga mediante puerto USB-C y, con un adaptador recomendado de 9V/2A, necesita aproximadamente tres horas para una carga completa. Puede utilizarse mientras está conectado a la corriente.
Además, integra carga inalámbrica para el smartphone con una potencia máxima de 10 W. Eso sí: solo funciona cuando el propio robot está enchufado. Esta función convierte la base en una especie de estación inteligente que no solo sostiene el teléfono, sino que lo alimenta mientras interactúa. Ahora bien, esta combinación de cámara activa, IA y carga inalámbrica puede generar calor. LOOI incorpora gestión térmica básica, pero el entorno influye mucho: superficies poco ventiladas, uso intensivo o temperaturas elevadas pueden provocar sobrecalentamiento.
En cuanto a percepción, LOOI no tiene cámara ni micrófonos propios independientes. Utiliza los del smartphone. Lo mismo ocurre con el altavoz: la voz que escuchamos sale del móvil. Por eso el volumen se controla con los botones físicos del teléfono. Si bajas el volumen del móvil, el robot “enmudecerá”. Si lo subes, hablará con más presencia. La ilusión de autonomía está cuidadosamente construida sobre el hardware del usuario.
La movilidad se complementa con un sistema de reconocimiento de bordes (Cliff Recognition) diseñado para evitar caídas. Sin embargo, tiene limitaciones: no reconoce bien superficies negras, muy oscuras o transparentes. En esas condiciones puede interpretar erróneamente el entorno y negarse a avanzar. Es un detalle técnico importante que influye en la experiencia real de uso.
En el plano digital, la inteligencia del sistema se divide en dos capas. Por un lado, procesamiento local en el propio teléfono: reconocimiento básico, animaciones, comportamiento biomimético. Por otro, conexión a modelos de IA en la nube, concretamente GPT-4o, para conversación avanzada y comprensión contextual. Para el registro inicial y las funciones completas es necesaria conexión a internet, aunque algunas funciones básicas pueden mantenerse sin ella.
La compatibilidad exige cierto nivel tecnológico. En Apple, se recomienda iOS 17 o superior, con rendimiento especialmente sólido desde iPhone 12 en adelante. En Android, Android 12 o superior y procesadores potentes, como Snapdragon 8 Gen 1 o superiores. No es un dispositivo pensado para reciclar móviles antiguos: la fluidez depende directamente de la potencia del teléfono.
La interacción se activa mediante “Hey LOOI” o con un doble toque de dos dedos en la pantalla cuando está en modo Robot. En pantalla aparecen ojos animados, indicadores de estado y etiquetas como “Listening” o “Thinking”. Estas expresiones se sincronizan con el movimiento físico del cuerpo, creando una ilusión de personalidad sorprendentemente convincente.
Todo el sistema se actualiza en dos niveles: aplicación y firmware. Y es importante entender que actualizar la app no actualiza automáticamente el firmware del robot; son procesos independientes. Esta arquitectura modular refleja la naturaleza híbrida del producto.
En conjunto, las especificaciones técnicas de LOOI no buscan impresionar por cifras aisladas, sino por integración. Una base motorizada con orugas, un brazo articulado preciso, una batería generosa, carga inalámbrica, detección de bordes y un soporte magnético robusto. Todo ello diseñado para que el smartphone actúe como cerebro, cámara, micrófono, altavoz y rostro expresivo.
LOOI no es un robot autónomo tradicional ni un simple accesorio. Es una plataforma robótica que transforma un teléfono inteligente en una entidad física con movimiento, mirada y carácter. Y ahí, precisamente, reside la clave de su diseño técnico: no compite con el smartphone, lo amplifica.
CONCLUSIÓN: LOOI COMO EXPERIMENTO VIVO Y ALGUNAS REIVINDICACIONES
LOOI Robot no es un producto cerrado, ni redondo, ni definitivo. Y quizá ahí reside precisamente su mayor interés. No intenta disfrazar sus límites ni presentarse como una solución perfecta. Es un dispositivo en evolución, que prueba enfoques, acierta en algunos y falla en otros.
No es una moda vacía ni un simple ejercicio de diseño llamativo. Tampoco es la respuesta definitiva a cómo debe convivir la inteligencia artificial con las personas. Es, más bien, un ensayo tangible: una forma de dar cuerpo a la IA y observar qué sucede cuando deja de ser invisible.
A través de experiencias como la mía se entiende que LOOI no se mide solo por lo que hace, sino por lo que provoca: curiosidad, vínculo, incomodidad, interés o rechazo. Obliga a posicionarse. Y eso, en tecnología de consumo, no es habitual.
No marca el final de nada, pero sí apunta una dirección clara: la de sistemas de inteligencia artificial que no solo responden cuando los llamas, sino que comparten espacio contigo. Que no viven únicamente en la nube, sino que ocupan un lugar físico en tu entorno cotidiano.
LOOI no es el futuro definitivo de la IA doméstica. Pero sí es una pista concreta, visible y discutible de hacia dónde podría evolucionar nuestra relación con ella. Y solo por eso merece ser analizado con atención.
Ahora bien, si de verdad aspiramos a que esa convivencia futura sea para todos en igualdad de condiciones, hay algo que debe decirse con claridad. Como persona ciega y cliente real del producto, voy a trasladar por escrito a Tangible, la empresa desarrolladora de LOOI, una serie de reivindicaciones concretas. No se trata de pedir privilegios, sino de reclamar una experiencia que pueda ser, si no idéntica, sí prácticamente equivalente a la de cualquier otro usuario. Os dejo un modelo de carta reclamación dirigida a Tangible solicitando mayor accesibilidad en su producto Looi Robot.
Recursos Multimedia
Vídeo de Adriana interactuando con un Lui más expresivo y poético en sus explicaciones entre pizzas y saludos.
Transcripción y descripción del vídeo anterior en el que Adri interactúa con Lui entre pizzas y saludos.Accede al vídeo original – “a LOOI Robot – My new Best Friend!”- Canal: Custom Adventurist – Youtube.
Accede al vídeo original – – “LOOI Robot – A new kind of friend ” – Canal: wwjoshdew – YouTube.
Descarga el PDF con la transcripción al español y descripción de las escenas de los dos vídeos anteriores.
Agradezco a Rodolfo, a Enrique y a Jaime todo el apoyo que me han prestado para realizar este post.
Autora: Adriana Madrigal herrera
