
La movilidad exterior autónoma sigue siendo uno de los grandes retos pendientes de la accesibilidad. Decenas de millones de personas con discapacidad visual dependen todavía de ayudas humanas o referencias memorizadas para desplazarse con seguridad. El motivo no es la ausencia de tecnología, sino su precisión limitada.
El GPS integrado en los smartphones, aunque útil, presenta márgenes de error de varios metros. En la navegación peatonal, esa diferencia no es trivial: puede implicar girar antes de tiempo, no localizar un cruce o desviarse hacia una zona peligrosa. La orientación asistida actual funciona, pero no siempre con la exactitud que exige quien depende totalmente de ella.
Este contexto explica por qué la innovación en movilidad accesible se está desplazando desde el software hacia la precisión sensorial.
Vector: qué es y qué propone

El dispositivo desarrollado por MakeSense Technology no se presenta como un simple accesorio tecnológico, sino como una herramienta concebida desde su base para resolver un problema muy concreto: orientarse con precisión en exteriores sin depender de la vista. Vector es, en esencia, un sistema portátil de guiado direccional que traduce la información espacial en sensaciones físicas comprensibles al instante.
En la mano se percibe como un objeto compacto, de tamaño reducido y forma ergonómica, similar a un pequeño mando diseñado para sostenerse con firmeza mientras se camina. Su cuerpo principal funciona como un mango que se adapta naturalmente a la palma. En la parte superior se encuentra su elemento más característico: un dial redondeado pensado para el pulgar. Este dial no es decorativo ni simbólico; es el canal principal de comunicación. Se mueve suavemente hacia izquierda o derecha para indicar la dirección que debe seguir el usuario, y puede presionarse para ejecutar funciones básicas.
El diseño físico responde a una lógica clara: permitir que la orientación se perciba sin esfuerzo cognitivo. En lugar de escuchar instrucciones o interpretar señales abstractas, la persona simplemente sigue la indicación táctil. El dispositivo vibra con suavidad cuando es necesario reforzar la información, de modo que la dirección se siente literalmente en la mano.
Vector no tiene pantalla ni pretende sustituir al teléfono móvil. Se sincroniza con él (normalmente colocado en el pecho con la cámara orientada hacia delante) y actúa como interfaz física de navegación. El smartphone procesa la información; el dispositivo la traduce en guía corporal.
Cómo funciona realmente

El funcionamiento está diseñado para ser sencillo desde el punto de vista del usuario, aunque internamente combine varias tecnologías.
El proceso comienza en la aplicación móvil, donde se selecciona el destino. El teléfono se coloca en el pecho orientado hacia delante y el dispositivo se sincroniza automáticamente. A partir de ese momento, el sistema calcula la posición y transmite la dirección mediante un dial físico que apunta hacia dónde debe moverse la persona.
Este mecanismo se apoya en tres pilares técnicos:
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- posicionamiento satelital de alta precisión
- análisis visual del entorno mediante cámara
- interfaz táctil direccional.
El dial superior se actualiza decenas de veces por segundo, ofreciendo una respuesta fluida que el usuario percibe como un movimiento continuo. Basta con colocar el pulgar sobre él y seguir su orientación.
Este enfoque se basa en la cinestesia (la capacidad del cuerpo para percibir movimiento y posición), lo que permite interpretar la información sin esfuerzo consciente. No hay instrucciones que descifrar: se trata simplemente de seguir una indicación física.
Un aspecto fundamental de su lógica de funcionamiento es que las rutas no se generan automáticamente como en los navegadores convencionales, sino que están previamente grabadas por personas que conocen bien el recorrido, lo que garantiza trayectos probados y seguros. Este sistema de rutas verificadas introduce una capa adicional de fiabilidad: no se trata solo de calcular el camino más corto, sino de seguir uno que ya ha sido validado en condiciones reales. Así, el dispositivo no improvisa trayectorias potencialmente problemáticas, sino que guía sobre unos itinerarios que han demostrado ser practicables y adecuados.
Qué lo diferencia del resto

La mayoría de las soluciones actuales se centran en uno de dos objetivos: detectar obstáculos cercanos o indicar rutas. Vector adopta una estrategia distinta: no actúa como sensor de proximidad, sino como un sistema de guiado preciso que mantiene al usuario alineado con la trayectoria correcta. En la práctica, esto reduce la probabilidad de encontrarse con obstáculos inesperados.
Su rasgo más llamativo es la exactitud posicional declarada por sus desarrolladores, que sitúan la localización en torno a los diez centímetros y, en condiciones óptimas, incluso menos. Esa resolución se logra mediante la combinación de sensores avanzados y procesamiento visual, una técnica habitual en robótica o navegación autónoma, pero todavía poco frecuente en dispositivos personales.
También destaca su planteamiento ergonómico. Los sistemas auditivos obligan a escuchar, interpretar y ejecutar; el canal táctil permite procesar la información de forma casi automática, liberando la atención del usuario para el entorno real. Desde el punto de vista de la interacción humano-máquina, esta decisión no es estética sino funcional.
Naturalmente, el rendimiento definitivo dependerá de factores críticos como la estabilidad de la señal, el consumo energético o el comportamiento en entornos urbanos complejos. La validación en condiciones reales será determinante para confirmar su potencial.
Por qué este dispositivo importa

El interés de Vector no reside únicamente en su diseño, sino en lo que el dispositivo representa en el marco de la evolución tecnológica. El proyecto acumula varios años de desarrollo, financiación pública, premios de innovación y validaciones técnicas, además de la participación de un equipo multidisciplinar con perfiles en ingeniería, software, diseño e investigación con usuarios.
Actualmente el sistema se encuentra en fase de pruebas con participantes reales, un paso clave para perfeccionar su rendimiento antes de su llegada al mercado. Durante la presentación del dispositivo en el CES de Las Vegas de 2026, su fundador y CEO, Robert Quinn, anunció la previsión de lanzarlo primero en el Reino Unido entre abril y mayo de este año, para posteriormente iniciar su expansión internacional hacia el mercado estadounidense como siguiente objetivo.
En términos de desarrollo industrial, Vector se encuentra actualmente en una fase precomercial avanzada: ya existen unidades funcionales probadas con usuarios reales, lo que confirma que no se trata de un concepto ni de un prototipo temprano, aunque el dispositivo todavía no ha entrado en producción masiva. Durante la presentación, Quinn señaló que la versión mostrada no es aún la definitiva y que el modelo comercial será incluso más compacto, lo que indica que el equipo continúa afinando la integración electrónica, la miniaturización de componentes y el diseño físico antes del lanzamiento. Este momento (el del tránsito entre el prototipo validado y el producto fabricable a escala) suele ser decisivo en cualquier desarrollo de hardware, porque es donde se determina si una innovación prometedora puede convertirse realmente en una tecnología estable, reproducible y viable para el uso cotidiano.
Más allá de fechas concretas, su relevancia es estratégica. Este tipo de desarrollos evidencia una tendencia clara: las tecnologías de precisión, antes reservadas a sectores industriales, están empezando a integrarse en herramientas personales. Cuando ese traslado se consolida, suele producirse un cambio de paradigma.
Vector apunta precisamente en esa dirección. No compite con las soluciones existentes; introduce una categoría nueva dentro del ecosistema de movilidad accesible: la orientación táctil de alta resolución.
Si sus prestaciones se confirman fuera del laboratorio, no será solo un producto innovador, sino también un indicador temprano de hacia dónde se dirige la próxima generación de asistencia tecnológica al desplazamiento humano.
Valoración Infotecnovisión

Conviene comenzar con una aclaración honesta: de momento no hemos podido probar el dispositivo en condiciones reales. Todo lo que se conoce sobre Vector procede de información técnica publicada, demostraciones controladas y materiales facilitados por la propia compañía. Es decir, nuestra evaluación es necesariamente conceptual y teórica, no empírica.
Dicho esto, la propuesta tecnológica resulta especialmente atractiva desde el punto de vista de innovación en accesibilidad. La idea de transformar la orientación espacial en una señal táctil continua (sin depender del oído ni de interfaces visuales) es sólida desde el prisma de la ergonomía cognitiva y coincide con líneas de investigación avanzadas en interacción humano-máquina. La promesa de precisión centimétrica, si se confirma fuera de laboratorio, supondría además un salto cualitativo respecto a la navegación asistida actual.
Sin embargo, el análisis editorial también revela interrogantes relevantes que determinarán su viabilidad real:
Posibles inconvenientes y puntos críticos:
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- Dependencia de rutas pregrabadas: el sistema prioriza recorridos previamente validados, lo que aumenta seguridad pero puede limitar espontaneidad y flexibilidad en desplazamientos nuevos.
- Precisión condicionada al entorno: la exactitud extrema declarada suele depender de condiciones óptimas de señal y visibilidad; entornos urbanos densos, túneles o zonas con interferencias podrían afectar el rendimiento.
- Necesidad de configuración previa: preparar rutas seguras puede requerir ayuda externa, lo que introduce una fase inicial menos autónoma.
- Integración tecnológica compleja: al combinar GPS avanzado, visión artificial y sincronización móvil, la robustez del conjunto dependerá de que todos los subsistemas funcionen de forma estable y coordinada.
- Curva de adopción: aunque el concepto táctil es intuitivo, cualquier sistema nuevo de orientación corporal requiere adaptación y entrenamiento para aprovechar todo su potencial.
- Dependencia física del smartphone en el pecho: el sistema exige llevar el teléfono colocado en la parte frontal del torso, lo que puede resultar incómodo para algunos usuarios, especialmente en trayectos largos o en climas cálidos.
Además, el uso intensivo de cámara, procesamiento visual y conectividad puede provocar calentamiento del dispositivo y un consumo elevado de batería. A ello se suma un factor práctico y de seguridad: llevar el terminal visible y expuesto en el pecho puede incrementar el riesgo de robos o hurtos en entornos urbanos donde este tipo de incidentes son frecuentes.
A estas cuestiones técnicas se suma una incógnita estratégica: el calendario de disponibilidad internacional. Se ha anunciado un lanzamiento inicial en el Reino Unido seguido de Estados Unidos, pero no existen fechas públicas para su llegada a otros mercados. Para la comunidad hispanohablante surge una pregunta clave: ¿cuándo llegará a LATAM o a Europa continental y, más concretamente, a España? La respuesta no es menor, porque factores regulatorios, certificaciones, distribución y localización pueden influir tanto como la propia ingeniería.
Para cerrar esta valoración en tono optimista, diré que si existe un factor que realmente aporta solidez y credibilidad técnica al desarrollo de Vector es, sin duda, la cualificación del equipo que lo está construyendo. Al frente se encuentra Robert Quinn, doctor en ingeniería mecánica, galardonado como Young Innovator por Innovate UK y reconocido como Future Leader por el Department for Transport, además de investigador visitante en ingeniería eléctrica en el Imperial College de Londres. Junto a él lidera la parte tecnológica Harry de Winton, doctor especializado en visión artificial de alta velocidad y aprendizaje automático aplicado a sistemas críticos, con experiencia previa en cámaras 3D para cirugía robótica y procesamiento de lenguaje natural. El núcleo técnico se completa con perfiles altamente especializados: Brandon Ellis Frew aporta base matemática al modelado del sistema; Sebastiano Zane se encarga de la ingeniería electrónica; Jonathan De Sousa desarrolla la arquitectura de software; David Leonard define la ergonomía y diseño físico; y Vi Nguyen garantiza que el producto responda a necesidades reales mediante investigación con usuarios.
Este perfil multidisciplinar (que combina ciencia, ingeniería, diseño y experiencia directa con usuarios finales) constituye uno de los indicios más sólidos de que el proyecto no es solo una idea prometedora, sino una tecnología construida sobre fundamentos técnicos rigurosos y conocimiento especializado real.
Vector apunta a una dirección tecnológica muy prometedora y coherente con la evolución actual de la asistencia a la movilidad. Pero su verdadero valor no se medirá en especificaciones, sino en su uso cotidiano: estabilidad, precisión constante y confianza del usuario en situaciones cotidianas.
Si esas tres variables se validan, estaremos ante una innovación significativa. Si no, seguirá siendo una idea brillante pero aún en fase de maduración.
